MARACA

                            

 

La maraca es un instrumento idiófono sacudido constituido por una parte esférica hueca sostenida por un mango que la atraviesa o está adherida a ella.

Estas maracas son concretamente de Brasil, pero es un instrumento cosmopolita con su máxima penetración en Iberoamérica.

La maraca, según la clasificación organológica de Sachs, es un instrumento "idiófono sacudido", tipo sonajero, del grupo de las sonajas de receptáculo (calabaza, cesto, caja, tubo, anillo hueco, bola hueca), en el que se encierran las partes sonoras que se golpean entre sí y contra las paredes del receptáculo, por la sacudida del instrumento.

La maraca más común es la de calabaza, que se toca sosteniéndola por su cuello natural o por un mango de madera y agitándola para golpear los pequeños guijarros, semillas secas u otros elementos, contra las paredes reforzadas interiormente por unas largas y duras espinas.

En los países en que no existen calabazas -afirma Curt Sachs- este tipo de sonajero ha sido imitado con materiales apropiados, como mimbre, arcilla, metal o madera.

 


La maraca de calabaza es construida entre los indios argentinos, según Carlos Vega, de la siguiente forma: en calabazas en forma de pera abren un pequeño agujero en el botón del fondo o en el extremo del cabo, extrayendo las semillas y los restos de la pulpa seca, e introducen luego en su lugar piedrecitas y dos o más clases de semillas duras, obturando a continuación el agujero con cera o con un tapón de madera reajustado con tela. Largas y fuertes espinas atraviesan el hueco de la calabaza con el objeto de reforzar las paredes de la misma y, a su vez, dispersar las partículas o semillas, evitando así que se desplacen por el interior en masa.

Los indios chaquenses argentinos suelen elegir preferentemente la especie de calabaza conocida científicamente como "Lagenaria".

En Puerto Rico se construyen las maracas, según María Cadilla de Martínez, del fruto de un árbol pequeño, la higuera ("Crescentia cujeta"), del cual extraen, por unos agujeros hechos en su corteza toda la pulpa interior, dejándolo hueco, y, hecho esto, lo introducen unas piedrecitas, ajuntando por los agujeros un mango, que atraviesa la maraca. D'Harcourt, en su obra "La musique des incas et ses survivances" ("La música de los incas y su supervivencia"), da una definición suficientemente amplia de la maraca, como instrumento consistente en una envoltura de fruta dura, de madera, de barro cocida, de cuero, incluso de juncos, que contiene algunos granos (guijarros, semillas o bolitas de arcilla) y a la que sirve de complemento, por regla general, un mango para empuñarla.


Acerca de la ejecución, nos dice Carlos Vega que "el instrumentista abraza el cabo con la mano derecha, doblado el codo, el recipiente hacia arriba a la altura del pecho y, moviendo principalmente la muñeca, agita o sacude el instrumento en dos tiempos :primero, hacia el hombro; segundo, hacia adelante. En las dos direcciones el desplazamiento cesa con brusquedad. La fórmula del ruido que se produce es, por lo tanto, doble: con el primer tiempo o movimiento, las partículas chocan contra la pared "posterior" del recipiente y, antes de que caigan al fondo por gravitación, el segundo movimiento las lanza hacia la pared "anterior". El primer golpe de las partículas es más débil que el segundo, porque, en rigor -continúa diciendo Vega- no es sino preparatorio: precipita las semillas contra la pared "posterior" para que, reunidas contra esa superficie, crucen con rapidez y fuerza la pared "anterior". El segundo golpe, entonces, es más fuerte. Podríamos hablar de un "alzar" y un "dar", de "arsis" y "thesis" o, simplemente, de un tiempo débil y un tiempo fuerte o acentuado. Pero en ningún caso el ruido es del todo seco y neto; se trata de un complejo de ruidos, pues las partículas interiores chocan entre sí y contra la pared de la calabaza."

                                         
Y termina diciendo Vega: "Hay instrumentistas que, mediante complejos, hábiles y bien calculados movimientos, obtienen repiques de las partículas contra una o las dos paredes. El rebote de cara a cara -algo así como un juego de tenis dentro de una copa- es elemental; la técnica superior tiende, en cierto modo, a dejar la masa de partículas en el aire, dentro del recipiente, y a castigarlas con las paredes. El arte de manejar la maraca varía considerablemente, según la tribu."

Las fórmulas rítmicas de la maraca no varían a lo largo de una canción, es decir, se sostienen del principio al fin; pero en manos distintas, e incluso en las de un mismo ejecutante, el instrumento da diversas fórmulas.